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GRANDES DIRECTORES: OTTO KLEMPELER

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  OTTO  KLEMPERER

                Comenzar el ciclo de grandes  directores con la figura de Otto  Klemperer no hace sino confirmar la rebeldía y audacia de nuestro colaborador Alvaro Fraile que inaugura un espacio  dedicado a los maestros de la batuta, que han constituido el marchamo del a historia de la música.

Anabel G. Fernández.

Es complicado abordar la figura de cualquier director , si acaso por lo poliédrico de todas las personalidades que suelen esconderse tras el atril. La historia de la música se ve a menudo salpicada por extrañezas y anécdotas de los grandes maestros. Ese es precisamente el caso de Otto Klemperer, tiempo tendremos para los  Karajan,Tosacanini, Walter etc..la figura de Klemperer es en sí mismo controvertida y ala vez muestra a la perfección esa huida del fin de siglo decimonónico y las vicisitudes que lo rodearon.

Nacido en Polonia es su paso por Viena el que lo forma como un hombre de carácter. Es la ciudad imperial ala que lo ubica en la senda de la verdadera música que va a imperar en el mundo de nuevo orden para el siglo.  Su inspiración básica la constituyó Schönberg, que fue además su maestro al tiempo que su mejor consejero. La vida en Viena es complicada para todo el que tenga origen judío, y desde luego Berlín no mejoraba esta complicación. Su carácter áspero no le abre, ni mucho menos , demasiadas puertas en una época en la que por definición estaban bien cerradas a causa de una guerra que no permitía demasiadas albricias y gastos ociosos. Londres es para él el revulsivo que venía necesitando para evolucionar como músico y como persona.

Poco a poco fueron desapareciendo los directores que habían sido señeros en la Europa de postguerra y sobre todo en Estados Unidos, donde su modo de entender la vida, siempre con una democracia bien jerarquizada, vieron a la figura del director un alter ego de compositor.  América valora a los directores, los respeta por encima casi que a las propias orquestas. Klemperer logra por tanto hacerse con un hueco en el mundo sajón desde Londres, cosa que siempre es buena idea porque se logra en EEUU un plus de atractivo, algo así como una garantía de fiabilidad. El contrato con Emi supone pata Otto convertirse en una de las figuras en la dirección más reputadas del mundo. Su gira de conciertos en Viena a su regreso son el espaldarazo definitivo de una actividad que ya era además de hermosa, lucrativa.

Klemperer, como otros muchos directores atesora en su biografía un gran abanico de rarezas. De carácter extremadamente competitivo ,la mordacidad y su mal humor fueron constantes. Su extraño humor siempre teñido de cierta amargura, le hacía parecer realmente insoportable en ocasiones. Su gran vitalidad no le evitó seguir dirigiendo casi hasta su muerte. Fueron muy frecuentes  sus problemas cardiovasculares que incluso le provocaron uan parálisis que dificultó pero no impidió su labor en la dirección de orquesta.

Dicen de él que toda la orquesta le esperaba inmóvil para ver su primera reacción del día, solo entonces podrían adivinar cómo transcurriría la jornada.

Klemperer amó a Mahler  y a su forma sinfónica, él mismo compuso sinfonías que se asemejan a las del gran autor  pero no fue precisamente la composición la actividad en la que triunfó Otto Klemperer.  Se le puede atribuir también el rescate de Bruckner del olvido al que había sido relegado

Quizás el temple, en un sentido casi taurino, fue el fuerte de Klemperer. Sufrió acusaciones de frialdad y falta de temperamento en la dirección , pero lo cierto es que dotó a la música por él dirigida de un aura de clasicismo bien entendido, casi de precisión matemática .

**El trabajo de Otto Klemperer puede escucharse en las grabaciones de EMI recomendamos la grabaciondelasinfonia n 2 de Mahler Resurrection

 

 

Última actualización el Martes, 26 de Enero de 2010 17:42  

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kaadish

 

KADISH POR MAHLER ARNOLDO LIBERMAN

SEFARAD

 

Es difícil reseñar el libro de un amigo porque uno cae en las redes de la sospecha, bien es cierto que si el amigo es Arnoldo Liberman toda sospecha se disipa, ya que el bueno de Arnoldo no necesita amigos que reseñen sus libros porque somos sus amigos los que buscamos a sus libros y no a la inversa. En esta ocasión entona un Kadish por Mahler; si supiera Mahler lo mucho que le debe a Arnoldo, le compondría una Canción para un compañero de viaje. Arnoldo describe como siempre ese hito vital que es para él, y para muchos de nosotros, la Viena finisecular. Ese entorno del fin del mundo ese “Austria Erit in Orbe ultima” ese barranco al abismo en el que existió Mahler, ese triple apátrida, ese mundo de última cultura que esperó a los bárbaros, cuando estos ya le habían hecho a Zweig dudar de la vida. Arnoldo preciso y precioso como siempre, con su pureza cristalina y límpida, profunda y sincera como una Canción a un niño muerto.