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DUENDE. AVISHAI COHEN

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DUENDE

Blue Note/ Emi

El nuevo disco de Avishai Cohen, Duende, es un manual de jazz impregnado de la introspección con la que Cohen suele dotar a sus creaciones. Bajo este título tan español, que en manos de Cohen es como un regalo de Sefarad, se esconden nueve temas perfectos. Avishai Cohen crea ese jazz que acaricia, dotado de un sentimiento que casi estremece, no deja espacio a nada que no sea la música más pura. Acompañado del pianista Nitai Hershkovits,  de tan solo 24 años, a quien, según cuenta, conoció en un cafe de su barrio en Tel Aviv, el disco es de una pureza maravillosa, y una ejecución perfecta. Un paso más desde Gently Disturbed, en una obra más intimista que alcanza la perfección, un sonido de una pureza que deja espacio a ambos instrumentos: el piano y el contrabajo dialogan en una serenidad exacta. Un disco exquisito.

 

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YO FUI MI MEJOR CLIENTE. HEINZ BERGGRUEN. ED. ELBA

 Traemos a nuestras páginas una recomendación de primera linea. Elba nos presente un cuidado volumen memoria viva de la historia del arte de buena parte del siglo pasado. Berggruen, cosmopolita y visionario, hombre de vida pasional y apasionante, narra en primera persona la evolución de una pasión que fue su vida: el coleccionismo. Coleccionar como elevación del espíritu más allá de la mera actividad de acaparar, coleccionar arte como medio de conocimiento del artista, del entorno, del contexto de la época. Berggruen participa de una época prodigiosa y entabla contacto y amistad con muchos de los grandes maestros. Estrechamente ligado a Picasso, es fiel cronista de parte del carácter del malagueño; numerosas anecdotas de la vida de éste, de sus particular visión de la vida y del propio arte. Matisse, la ubicua Gertrude Stein, Sartre, y todo el elenco de ese Paris que era una fiesta, con un rato en Deux Magots, de donde salia un encuentro providencial, una amistad duradera que podría diluirse en una copa de absenta, para retomarla en el Cafe de Flore. Berggruen colecciona y acapara, vende y se queda con obras por amor al arte, construye una colección para Berlin y nos da una rica visión del mercado del arte, que no del mercadeo, tan común hoy donde muchos coleccionistas no son sino marchantes, tratantes de ganado a la espera de una subasta beneficiosa. Sin ocultar la mercantilidad de su actividad, Berggruen se erige fedatario de una época en la que se forjaron muchas de las grandes colecciones que provenían directamente de las fuentes: un café con Picasso en Antibes de donde sale un regalo improvisado sobre una servilleta, una tarde con Matisse que crea un trato preferente... quien sabe que podía deparar una visita al taller de cualquier artista en los años de la efervescencia creativa del nuevo arte.