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MAHLER ETERNO

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TODO MAHLER.

Emi edita este cofre ,con una estética de cubierta puramente -sezession-, para mayor gloria de los melómanos que tendrán ordenada en versiones de primer orden toda la obra del genial compositor. Un trabajo cuidado y ordenado, meticulosamente sistematizado. Dieciséis discos donde podemos encontrar excelentes interpretaciones vocales y sinfónicas. Con un precio inferior a noventa euros esta edición aniversario viene a paliar la falta de recopilatorios que en el mercado podían encontrarse. Es recurrente entre los"mahlerianos" la búsqueda permanente de determinadas obras, casi incunables, y la reiteración en los anaqueles de las tiendas de determinadas piezas del compositor. Esta compilación reune toda la obra del autor en versiones impecables que nos permiten tener un corpus de la obra mahleriana de gran altura.

 

 

 

 


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YO FUI MI MEJOR CLIENTE. HEINZ BERGGRUEN. ED. ELBA

 Traemos a nuestras páginas una recomendación de primera linea. Elba nos presente un cuidado volumen memoria viva de la historia del arte de buena parte del siglo pasado. Berggruen, cosmopolita y visionario, hombre de vida pasional y apasionante, narra en primera persona la evolución de una pasión que fue su vida: el coleccionismo. Coleccionar como elevación del espíritu más allá de la mera actividad de acaparar, coleccionar arte como medio de conocimiento del artista, del entorno, del contexto de la época. Berggruen participa de una época prodigiosa y entabla contacto y amistad con muchos de los grandes maestros. Estrechamente ligado a Picasso, es fiel cronista de parte del carácter del malagueño; numerosas anecdotas de la vida de éste, de sus particular visión de la vida y del propio arte. Matisse, la ubicua Gertrude Stein, Sartre, y todo el elenco de ese Paris que era una fiesta, con un rato en Deux Magots, de donde salia un encuentro providencial, una amistad duradera que podría diluirse en una copa de absenta, para retomarla en el Cafe de Flore. Berggruen colecciona y acapara, vende y se queda con obras por amor al arte, construye una colección para Berlin y nos da una rica visión del mercado del arte, que no del mercadeo, tan común hoy donde muchos coleccionistas no son sino marchantes, tratantes de ganado a la espera de una subasta beneficiosa. Sin ocultar la mercantilidad de su actividad, Berggruen se erige fedatario de una época en la que se forjaron muchas de las grandes colecciones que provenían directamente de las fuentes: un café con Picasso en Antibes de donde sale un regalo improvisado sobre una servilleta, una tarde con Matisse que crea un trato preferente... quien sabe que podía deparar una visita al taller de cualquier artista en los años de la efervescencia creativa del nuevo arte.