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LA ESENCIA DE LA MUSICA

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PURCELL

  LA ESENCIA DE LA MUSICA .Henry Purcell. The food of love-Ambroisie.

Paul Agnew, Anne Marie Lasla Elisabeth Kenny,Blandine Rannou.

Hay discos que pueden tener la desgracia de pasar desapercibidos lo que desgraciadamente ocurre en un amplio porcentaje de ocasiones. Sería una equivocación que eso ocurriera con éste que les presentamos. Lo mejor de lo mejor de las canciones de Purcell, lo más selecto, auténtico delicatessen. Paul Agnew, dedicado desde hace años ya al barroco, es un auténtico prodigio.

Su voz, es como de otra época, y es ésa época la que recrea con una maestría y un sentimiento que convierten sus apariciones en gloria celestial. Este maravilloso tenor ha sabido  enfocar su carrera a a quellos estratos que le dan un brillo excelso. El acompañamiento instrumentista es algo maravilloso, Lasla bajo de viola, es de una delicadeza que estremece, y Blandine Rannou al clave  tiene más que demostrados sus credenciales 

 

Última actualización el Lunes, 23 de Noviembre de 2009 16:43  

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YO FUI MI MEJOR CLIENTE. HEINZ BERGGRUEN. ED. ELBA

 Traemos a nuestras páginas una recomendación de primera linea. Elba nos presente un cuidado volumen memoria viva de la historia del arte de buena parte del siglo pasado. Berggruen, cosmopolita y visionario, hombre de vida pasional y apasionante, narra en primera persona la evolución de una pasión que fue su vida: el coleccionismo. Coleccionar como elevación del espíritu más allá de la mera actividad de acaparar, coleccionar arte como medio de conocimiento del artista, del entorno, del contexto de la época. Berggruen participa de una época prodigiosa y entabla contacto y amistad con muchos de los grandes maestros. Estrechamente ligado a Picasso, es fiel cronista de parte del carácter del malagueño; numerosas anecdotas de la vida de éste, de sus particular visión de la vida y del propio arte. Matisse, la ubicua Gertrude Stein, Sartre, y todo el elenco de ese Paris que era una fiesta, con un rato en Deux Magots, de donde salia un encuentro providencial, una amistad duradera que podría diluirse en una copa de absenta, para retomarla en el Cafe de Flore. Berggruen colecciona y acapara, vende y se queda con obras por amor al arte, construye una colección para Berlin y nos da una rica visión del mercado del arte, que no del mercadeo, tan común hoy donde muchos coleccionistas no son sino marchantes, tratantes de ganado a la espera de una subasta beneficiosa. Sin ocultar la mercantilidad de su actividad, Berggruen se erige fedatario de una época en la que se forjaron muchas de las grandes colecciones que provenían directamente de las fuentes: un café con Picasso en Antibes de donde sale un regalo improvisado sobre una servilleta, una tarde con Matisse que crea un trato preferente... quien sabe que podía deparar una visita al taller de cualquier artista en los años de la efervescencia creativa del nuevo arte.