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WES MONTGOMERY, UN AUTODIDACTA EN EL PARAISO

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wes

 

WES MONTGOMERY, un autodidacta en el paraíso

Mira que se empeñaba WES en dejar el maldito plectro en el cajón y girar su pulgar como si fuera de goma. Una y otra vez volvía a retorcerse como si fuera elástico  para crear ese sonido tan suyo, tan limpio , tan potente. Sabía desde  pequeño, que como decía Machado, al que nunca leyó  Wes,  que pocas son las cosas que uno puede aprender solo, aunque esas no te las puede enseñar nadie. Pues bien, nadie, enseñaría al joven WES a tocar la Guitarra. Escuchar a Charlie Christa pareció ser suficiente. Wes quería pasar por este valle de lágrimas como algo más que un muchacho al que gustaba la música. Jazzmen había muchos, guitarristas menos, pero de todas formas él intentaría algo más, quería dejar la huella  que sólo está al alcance de quienes piensan que el destino es un refugio de cobardes.

Los Montgomery Brothers empiezan a abrirse camino en Indianapolis. Desde luego debe ser difícil abrir cualquier cosa en un sitio con un nombre tan horrible, ajenos al léxico, los tres hermanos empiezan a entrar en contacto con grandes del jazz como Cannonbal Adderley que es su primer mentor y el que se da cuenta de que el muchacho puede hacer carrera, por lo que decide recomendarle a una casa discográfica.

Triunfar en el jazz, como en cualquier cosa requiera de grandes dosis de suerte y el bueno de Wes parece ilusionado en encontrarla. La guitarra no es un instrumento fácil sobre todo si se trata de adherirlo a determinadas formas de jazz. Kenny Burrel fue el dios del Olimpo mas cercano, pero Wes trata de atacar al instrumento desde un punto de vista menos sutilde Burrel.  La fuerza es su arma, hacer a parecer a la guitarra entre el piano, el bajo y la batería, pero como pidiendo perdón, sino con la arrogancia de quien se sabe el jefe de la jam. El punto álgido de su carrera llega al conocer a Coltrane y Carter , su paso a Verve, como a tantos otros, supuso el espaldarazo definitivo a una carrera que probablemente haya dejado alguno de los mejores momentos de guitarra en jazz de toda la historia.

 

Última actualización el Domingo, 17 de Enero de 2010 19:44  

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kavafis

 Conocido y estudiado siempre por su poesía, las prosas de Cavafis son en sí un complemento magnífico para el conocimiento de la personalidad del autor, de su tiempo y de esa Alejandría siempre mítica que camina en la historia,  siendo cruce de caminos entre oriente y occidente, entre lo árabe y lo griego, entre el ser y la nada.

 

Kavafis eterno, sus prosas no tienen desde luego el interés de su producción poética; algunos textos, meros diarios, otros, impresiones que no conforman un cuerpo definido en su producción literaria. Pero esas prosas recopiladas por Tecnos-Alianza, son el aderezo imprescindible para la comprensión de la personalidad de un autor que cabalga entre dos mundos: lo clásico, que se reviste siempre de esa melancolía que conforma un modo de acercarse a lo arcano; y lo moderno, con esos tiempos que cambian constantemente aniquilando el mundo de ayer, que recreó Zweig con idéntica melancolía. Los textos, son una amalgama de impresiones, exposiciones, teorías, y esa curiosa obsesión cavafiana por las medidas térmicas. Margarite Yourcenar ya lo hizo notar en su "A beneficio de inventario", Cavafis adora las temperaturas y demás mediciones. Hacer constar la edad de su protagonista, los grados al comenzar el día, al atardecer, a todas horas, dotan a los textos de veracidad meteorológica, no exenta de simpatía; de realidad extrema. Lejos de la anécdota, las prosas ayudan a ubicar con extrema exactitud a Cavafis, en su mundo, en su eterna circunstancia, siempre cambiante, en sus estados de ánimo pero inmutable en su realidad;  nos permiten ver su vida más allá de la Rue Lepsius, conforman la realidad privativa de un hombre que a veces se nos puede diluir entre los textos de Forster o Durrell. Cavafis, el alejandrino, el griego, el inglés, todo a un tiempo son estas prosas, ejemplarmente recopiladas.