ConfutatisWeb

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
Home Artículos Artículos STRADIVARIUS,LO MAS PARECIDO A LA VOZ DE DIOS

STRADIVARIUS,LO MAS PARECIDO A LA VOZ DE DIOS

E-mail Imprimir PDF

STRADIVARIUS

Enrique Latorre Arnaiz. Luthier y profesor titular del Colmans Institute de investigación musical.

 En relación al arte de construir violines son muchos los tratados que existen si bien el paradigma de la construcción es italiano.  Amati, Guarneri o Stradivarius  constituyen la triada, el Olimpo, la auténtica trinidad.  La evolución en la construcción de instrumentos de cuerda frotada no ha sido especialmente grande en los  tres últimos siglos. Al margen de consideraciones tecnológicas sobre la resistencia de materiales, y tipos de maderas, la regla constructiva sigue pareciéndose a los cánones de 1600. Los modernos espectrómetros , el láser y toda suerte de calibradores electrónicos aún no han podido igualar las joyas salidas de los talleres de Cremona en el siglo XVII. La construcción de un violín en la actualidad, excepción hecha de los violines eléctricos y los de factura oriental, sigue siendo un proceso  amanuense  digno de una liturgia ancestral y de arcano saber. Con todo nadie ha podido igualar la sonoridad de los Stradivarius, esos violines legendarios que encierran el arte eterno de su creador.

Por una parte debemos distinguir los violines  fabricados  en Italia desde mediados del XVII a mediados del XVII, y hacer categoría separada con los propios Stradivarius. La esencia de los luthiers  se encuentra en Cremona. Es la faminila Amati la que dota de esencia al violín moderno. Una forma canónica, bien armonizada guardando unas proporciones casi bíblicas en lo que al mástil se refiere. El cuerpo se abraza desde la mayor sujeción de proporciona el mástil. La proporción y la forma son la mayor aportación de Amati  al violín moderno ta lcomo lo entendemos hoy. Guarneri aprovecha la forma de Amati, aprovecha el nuevo modo de construcción pero emplea otros barnices totalmente distintos . Guarneri dota al violín de una severidad asombrosa. El timbre de un Gurneri es la potencia misma. Nunca antes se había oído un violín de tal sonoridad tímbrica. Guarneri dota a sus instrumentos de una potencia modulada maravillosa. Los Guerneri dei Gesú son el principio de la nueva sonoridad por venir.

Stradivarius sintetiza n los adelantos de las dos familias  de Cremona para diseñar los violines más perfectos que se han construido jamás. Muchas son las historias y leyendas que rodean  a los instrumentos de la factura de Stradivarius, si bien muchas de tales historias proceden del romanticismo, siempre una bella corriente que ha hecho muy  poco por la fidedignitas de los mitos. Stradivarius utiliza maderas muy semejantes  a la de sus predecesores. Se ha tratado en vano de construir e igualar la sonoridad de dichos instrumentos y se ha estudiado con modernos espectómetros el último ápice de tal sonoridad. El intento, infructuoso una y otra vez tal vez de justifique por la imposibilidad de recreación  de los elementos orgánicos que existían al tiempo de su construcción. Diversas universidades americanas han estudiado al por menor cada brizna de madera  que revolotea en el interior de la caja de resonancia. La madera , perece por fin , no ser la causante de la brillante sonoridad. La totalidad de los minuciosos estudios que a lo largo del tiempo se han realizado parece que se inclinan por el barniz. Ese tono rojizo, casi cereza, en algunos casos, no fue igualado por ninguno de los maestros posteriores, ni a su vez se parece en nada al usado por los predecesores. Sobre este particular nacieron las leyendas románticas que han llegado a nuestros días.  Parece que un arroyo cercano al taller de Antonio Stradivarius aportaba las bacterias necesarias para que los instrumentos se impregnasen de ellas produciendo un cultivo en la madera  donde dichas bacterias-auténtica madera viva por tanto- se encargaban de mantener  el violín como un organismo en evolución, un organismo vivo y creciente. Se hablaba en la Italia del XVII de la propia sangre de Stradivarius que diluía en barniz para impregnar el cuerpo del violín, inoculando a los instrumentos su auténtico ADN. Nada de esto está comprobado y la ciencia  aun no ha podido desvelar  uno de los secretos mejor guardados de la historia de la música. En mi experiencia técnica puedo corroborar que el halo de un Stradivarius es cierto, verlo, tocarlo y sentirlo es una experiencia mística. Por algo dijo Ysaye que oir un Stradivarius es oir la voz de Dios

 

Última actualización el Domingo, 16 de Mayo de 2010 17:20  

Asociados


Newsflash

kaadish

 

KADISH POR MAHLER ARNOLDO LIBERMAN

SEFARAD

 

Es difícil reseñar el libro de un amigo porque uno cae en las redes de la sospecha, bien es cierto que si el amigo es Arnoldo Liberman toda sospecha se disipa, ya que el bueno de Arnoldo no necesita amigos que reseñen sus libros porque somos sus amigos los que buscamos a sus libros y no a la inversa. En esta ocasión entona un Kadish por Mahler; si supiera Mahler lo mucho que le debe a Arnoldo, le compondría una Canción para un compañero de viaje. Arnoldo describe como siempre ese hito vital que es para él, y para muchos de nosotros, la Viena finisecular. Ese entorno del fin del mundo ese “Austria Erit in Orbe ultima” ese barranco al abismo en el que existió Mahler, ese triple apátrida, ese mundo de última cultura que esperó a los bárbaros, cuando estos ya le habían hecho a Zweig dudar de la vida. Arnoldo preciso y precioso como siempre, con su pureza cristalina y límpida, profunda y sincera como una Canción a un niño muerto.