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GURIDI. CUARTETOS DE CUERDA

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CUARTETO BRETON

Foto wordpress. Bajo permiso Cuarteto Breton 

 GURIDI EN MANOS DEL CUARTETO BRETON

Resulta interesante ver, no sin orgullo, cómo la música española se programa y se graba, se vende y se escucha. En este proceso la labor de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, que sin pretensiones ni estridencias -no se erige como nacional de ningún sitio (en España orquesta nacional solo hay una)- ha programado y programa música nuestra. Como criatura hermosa, el Cuarteto Bretón nació de entre tres miembros de dicha Orquesta, con una vocación clara de interpretar partituras excelentes de nuestros compositores, que desde luego necesitan del apoyo discográfico que tradicionalmente se les había negado.

El Cuarteto Bretón (Anne Marie North, Iván Martín, John Stokes y Antonio Cárdenas) ha publicado los dos cuartetos del bilbaíno Jesús Guridi (1886-1961), obras escritas entre 1933 y 1949. El sello Naxos acoge esta gran obra interpretada, como siempre con la exquisitez que siempre emana de los soberbios músicos que integran el Cuarteto.

Gran orgullo para nuestra publicación ver que fuimos pioneros en la reseña de esta excelente formación hace ya diez años, tiempo, en el que el Bretón se ha instalado, sin duda, en lo más alto de la interpretación camerística española.

 

 

Última actualización el Sábado, 21 de Septiembre de 2013 09:47  

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Newsflash

STONER

  

STONER. JOHN WILLIAMS

Editorial Baile del Sol

 

Esta es la historia de un libro bellísimo, de un libro olvidado durante años que no ha tenido el éxito que merece en nuestro país, pero acabará teniéndolo, estamos empeñados en ello. Gracias a editorial Baile del Sol y a su trabajo inteligente podemos disfrutarlo

Stoner es la historia de un hombre común, un hombre vulgar, héroe de su propia cotidianeidad. Un hombre como los de Capra, un hombre como James Stewart, ese americano medio que renuncia a sus sueños fagocitado por la abrumadora presencia de la vida, pre diseñada, que urde sus hilos invisibles como Aracne. Stoner, cuya presencia es una piedra, una losa en cada página del libro es un hombre de Missouri, labrado a la usanza de la vieja América, siempre tan nueva. Medio rural, granja, padres esforzados y favores debidos. Losa de un esfuerzo de la generación precedente con el que uno parece sentirse siempre en deuda;  esa deuda es la losa, el peso que se transporta sobre la espalda. La lucha por la vida en un ideal casi barojiano, la universidad americana, el esfuerzo. Después la vida anodina, la falta de estímulo, la mujer melancólica que distancia del afecto, luego una hija, más tarde los problemas, la persecución del malo, siempre hay un malo en nuestras vidas, Lomax es el malo de Stoner.

El tedium vitae, el envejecimiento prematuro, la vida que se escapa y no hay quien la detenga. No se puede detener la vida. Después el aire fresco, el nuevo impulso vital, la primavera postrera que llena de ilusión los días de amargura como en una libertad condicional bien merecida. Ecos que luego se verán en Coetzee. Stoner acepta con resignada fuerza los avatares intangibles del destino. Stoner es un estoico.

Stoner es un poco Holden Caufield y un poco Hans Castorp. Stoner presta su carne al drama de la existencia, al pasar de las horas que hieren hasta que la última produce, como en el adagio latino, la necesaria consecuencia. Stoner es un libro inmenso en su simplicidad, una historia que nos suena, tal vez la estemos viviendo o la hayamos vivido. Tal vez seamos Lomax, o la señorita Driscoll, o tal vez seamos Stoner.