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FABRIZIO PATERLINI, MUSICA SIN PALABRAS

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 Fabrizio Paterlini se ubica en la senda de la música limpia llena de una sonoridad exquisita que envuelve de forma mágica, sin estridencias, como lo hace el arte verdadero que cala silente, como no queriendo hacerse notar , para dejar su huella imperecedera. En la línea de esa evocación introspectiva, del camino que iniciara Satie, Paterlini es junto a Roberto Cacciapaglia y Ludovico Einaudi uno de los máximos exponentes de esa música inclasificable, que pica de aquí y de allí, que toma un poco de esto y un poco de otra cosa, pero que da como resultado melodías de mayestática simplicidad, bien adornadas con una elegancia interpretativa que está teniendo enorme éxito en los países de nuestro entorno. Menos comercial, que Einaudi, Paterlini, combina la cadencia de un concepto casi jazzístico, con un concepto clásico que dota a su música de una limpieza y sonoridad formidables. 

 Sus trabajos, expuestos de manera brillantes el su disco Live in Bratislava, alternan suaves melodías con obras de mayor profundidad compositiva que recuerdan al primer Glass. Desde un punto de vista conceptual la música de Paterlini abarca un espectro amplio lleno de matices que lo hacen digno de escucha sosegada.

Última actualización el Miércoles, 10 de Agosto de 2016 09:24  

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giacometti

 Los hermanos Giacometti. James Lord. Ed Elba

 La editorial Elba posee el gusto de la elegancia en sus ediciones, con títulos como el que traemos hoy a Confutatis. La figura de James Lord, controvertida en ocasiones, es esencial en el entendimiento de la cara oculta del comercio artístico. El encuentro de Lord con Giacometti en 1952 le une al genial artista hasta el final de su vida. El contacto somero al principio se va llenando de sinceridad hasta dotar la relación de mil intrincados matices. La obra de Lord es una semblanza no solo de Alberto sino también de esa otra figura esencial en la vida de genio: su hermano Diego.  

Giacometti es caos y cosmos, arte y destrucción, todo y nada dentro de un nihilismo que la hace dar el salto aristocrático que implica siempre abrazar la desnudez del fracaso. No busca el éxito, y tampoco lo entiende, no cree en él, ni tampoco en la compañía en el arte. Alberto se centra en la creación, y en la soledad. Lord se convierte en testigo de la creación, de las dudas y las certezas de Alberto sobre la vida y la muerte. Giacometti trata de no discernir entre el arte y su comprensión, se deja llevar si esperar jamás el éxito, su mirada disecciona la realidad hasta crear un arte fácilmente reconocible, único, imperecedero. Lord entresaca los matices de la obra del genio, y con espíritu hagiográfico trata de mostrar la versión de una vida que revolucionó para siempre la historia del arte moderno.