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DEDICATORIA

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 "Enjoy the silence" para ti.

 

Esta enigmática dedicatoria apareció tatuada en el brazo del cuerpo de Delos Louros,  el genio del jazz un 14 de agosto de un año indeterminado. Se había instalado en Reeks St, allí donde creyó podría hacer carrera, no tanto porque otros la hubieran hecho antes, sino porque según se dice allí vivía ella, en el 39.

Nunca se sabe donde reside el momento, donde habita, donde hunde sus raíces hasta el mismo tuétano. Luego vino lo malo. La verdad que se esconde bajo el manto de la suposición, de la suspicacia y del arrepentimiento con el que se dice crece la planta sin flor. Nada había cambiado pero donde no hubo cambio todo cambió. Pensaba que podría convencer, convencer al menos de la convicción que él tenía de la verdad que a ella siempre le había parecido esquiva. Vivía y moría por ella. Suele darse así. Suele ser así,  pero hay verdades que no se compran porque quien debe recibirlas trata de no creerlas siquiera por un deseo atávico de no hacerlo. Cuando no creemos, no vemos. Lo otro es la fe.

Lo recordó todo, su risa contagiosa, la verdad de sus ojos, su humor y esa gracia natural con la que lo adornaba todo, esa luz como de otro mundo que llenaba la estancia con un aura única jamás vista antes, esa esencia que no todos percibían, y muy a menudo solo percibía él. Todo lo veía a diario y en sus días pedía, a esa fuerza superior a la que le habían enseñado a llamar Dios, no perderla. Y esperó.

 

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DESTELLOS DE VIDA MEMORIAS

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La editorial Papel de Liar está llevando a cabo un trabajo espectacular en la edición de hermosos títulos escogidos. Uno de ellos, es este destello de vida, de la vida de Friederike Zweig, primera mujer del gran Stefan Zweig y testigo de primer orden de su existencia. Extraordinario interés tiene este libro que no sólo se limita a la percepción que Friederike tuvo de su esposo y su azarosa vida, sino también  un testimonio de primer orden sobre aquel mundo de la Viena finisecular que constituyó el mundo de ayer, cuya nostalgia empujó a uno de los mejores escritores del siglo pasado a buscar la dosis de Veronal que lo liberara de la cárcel del nuevo mundo, allá en Petropolis.