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Un ballo In Maschera

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 balloTEATRO REAL. MADRID

ARGUMENTO El breve preludio presenta las tres ideas musicodramáticas de la escena inicial: el esperanzador tema del himno coral que cantan los siervos leales, el lúgubre tema punteado del coro que cantan los conjurados y el apasionado tema de amor del aria inicial de Riccardo.

 Acto I Cuadro I 

Estamos en un lujoso hall de la residencia de Riccardo, conde de Warwick y gobernador de Boston. Se escucha al comienzo la yuxtaposición musical de los dos primeros temas del preludio, entre los oficiales y gentilhombres, fieles al gobernador, y los conjurados, comandados por Samuel y Tom, que planean matarlo. Aparece Riccardo en público, revisa con su paje Oscar la lista de invitados del próximo baile y se conmueve al ver el nombre de Amelia, a quien ama en secreto a pesar de ser la esposa de Renato, su fiel secretario. Canta aparte sus apasionados sentimientos en la breve cavatina “La rivedrà nell’estasi”, de aire cromático e inspirada en una melodía de Meyerbeer. Todos los cortesanos y el paje se alejan y entra Renato para advertir a Riccardo de un complot contra su vida, cantando la cavatina “Alla vita che t’arride”. A continuación entra un juez pidiendo el exilio de Ulrica, una adivina negra que es sospechosa de dar consejos inmorales. Oscar defiende a Ulrica en la encantadora balada “Volta la terrea”. Tras ello, Riccardo decide que él y sus seguidores se disfrazarán y harán una visita a Ulrica, terminando el cuadro con la stretta “Ogni cura si doni al diletto”, donde se combina la diversión vital con los murmullos de los conjurados. 

Cuadro II 

La acción se sitúa ahora en la morada de la adivina Ulrica. Tras una intensa introducción orquestal, escuchamos su misteriosa invocación satánica “Re dell’abisso”. Entra el marinero Silvano para conocer su futuro y Ulrica le predice riqueza y un ascenso; Riccardo se divierte haciéndolo realidad, colocando oro y un nombramiento en el bolsillo del marinero. Tras el regocijo popular, llega un sirviente de Amelia pidiendo una consulta para su señora. En un apasionado arioso, Amelia confiesa a Ulrica que ansía liberarse de un amor ilícito. Con tono sinuoso, la adivina le indica una solución: debe arrancar a medianoche una planta que crece en un horrible paraje para hacer una poción. La escena culmina en un breve trío al que se une Riccardo, que ha escuchado oculto la conversación. Sale Amelia y entra de nuevo la comitiva de Riccardo disfrazada. Haciéndose pasar por marinero, el conde pide a Ulrica que prediga su futuro, cantando la canción estrófica “Di’ tu se fedele”. La adivina se muestra esquiva aunque predice que Riccardo morirá pronto a manos de un amigo. La profecía hace mucha gracia al conde que inicia un paradójico quinteto, “È scherzo od è follia”, ante el enfado de Ulrica, la sorpresa de Oscar y el coro o el siniestro parloteo de los conjurados Samuel y Tom. Pero Riccardo quiere saber la identidad de ese traidor y Ulrica dice que será la primera persona que estreche su mano. La profecía es considerada falsa al ser Renato, su fiel secretario, quien llega en ese momento y da la mano a su señor. Al final, Silvano reconoce que ese marinero es el conde disfrazado y el acto se cierra con un marcial himno de alabanza, “O figlio d’Inghilterra”, que se combina con reiteradas voces discordantes de los conjurados y de Ulrica. Acto IIEstamos en la noche del mismo día, pero ahora en el horrible paraje cercano a Boston en donde Amelia busca la planta que le permita olvidar su amor ilícito por Riccardo. Tras el recitativo inicial, Amelia canta sobreponiéndose al miedo la romanza “Ma dall’arido stelo divulsa”. Llega Riccardo y tiene lugar una intensa escena a dúo crucial para la trama amorosa de la ópera; la escena culmina con la brillante cabaletta “Oh qual soave brivido”, donde escuchamos una bellísima declaración de amor mutuo. Los amantes se sobresaltan al notar que alguien llega; es Renato que advierte a Riccardo de la proximidad de los conjurados. Amelia se cubre con un velo para no ser reconocida por su esposo y el conde, antes de huir, se encarga de que Renato le preste su capa y acompañe a su misteriosa acompañante hasta las puertas de la ciudad, culminando la escena con un inquietante trío, “Odi tu come fremono cupi”. Aparecen los conjurados cantado su lúgubre melodía y, al ver que se trata de Renato, optan por distraerse descubriendo la cara de la misteriosa acompañante femenina del conde. Amelia se quita el velo ante la confusión de su marido. Se inicia en ese momento un coro muy particular que combina las burlas de los conjurados, las acusaciones de Renato y las peticiones de clemencia de Amelia. Renato, furioso con el conde, opta por fijar un encuentro a la mañana siguiente en su casa con los cabecillas conjurados Samuel y Tom; el acto termina con el eco de las burlas de los conjurados.  Acto III

Cuadro I Tras una tormentosa introducción de la orquesta, nos encontramos a la mañana siguiente en el despacho de la casa de Renato. El secretario del conde se dispone a matar a su esposa, a pesar de que ella insiste en que no lo ha traicionado. Introducida por el lamento del violonchelo, Amelia le suplica poder ver a su hijo por última vez en el aria “Morrò ma prima in grazia”. Renato se apiada de ella y a solas arremete con furia contra el retrato de Riccardo, cantando la tremenda romanza “Eri tu”, donde también lamenta haber perdido el amor de su esposa. Suena el tema lúgubre de los conjurados y aparecen Samuel y Tom. Renato, tras destruir todas sus pruebas contra ellos, se une a su complot contra Riccardo iniciando el trío marcial “Dunque l’onta di tutti sol una”. Echan a suertes quién debe matar al conde y la mano inocente de Amelia saca el nombre de Renato de una urna, algo que le permite descubrir el siniestro complot al que se ha unido su marido. La música cambia de repente con la llegada de Oscar para invitarles al baile de máscaras de esa noche y el cuadro culmina con una stretta, “Di che fulgor”, que combina el desenfado de Oscar con el terror de Amelia y el ansia de venganza de Renato y los dos conjurados. 

Cuadro II

Suena el tema del amor de Riccardo, mientras lo vemos en su lujoso gabinete firmando una orden para enviar a Renato y Amelia de vuelta a Inglaterra. En la romanza “Ma se m’è forza perderti” reflexiona sobre el sacrificio de su amor, presagia su fatal destino y ansía volver a ver a Amelia. Suena música de fiesta entre bastidores y Oscar entrega a Riccardo una nota donde se le avisa del riesgo de ser asesinado durante el baile. El conde hace caso omiso a la amenaza y termina el cuadro con una nueva declaración de amor por Amelia.  Cuadro III

Pasamos ahora al salón donde se celebra el baile de máscaras. Sigue la música de fiesta antes escuchada, ahora convertida en el coro “Fervono amori e danze”. Aparecen Renato, Samuel y Tom junto a los conjurados en busca del conde. Renato reconoce a Oscar y le pregunta por la indumentaria de Riccardo, y el paje responde con la chispeante canción con couplets “Saper vorreste”. Resuena el coro inicial y Renato consigue finalmente de Oscar la información que buscaba. Suena una delicada mazurca que sirve de fondo para la intensa conversación del reencuentro entre Amelia y Riccardo; ella le ruega que huya y él reitera su amor y le anuncia la inminente vuelta a Inglaterra con su esposo. Se están despidiendo, cuando aparece Renato que se lanza sobre ellos y apuñala a Riccardo. En medio de la confusión subsiguiente, Oscar desenmascara a Renato y el coro expresa su furia en a sonar la mazurca, pues la pequeña orquesta entre bastidores desconoce lo que ha sucedido, mientras Riccardo pide que dejen a Renato ya que quiere decirle algo. Se inicia entonces el concertato final “Ella è pura” donde Riccardo jura a Renato que Amelia no lo traicionó y le muestra la orden de partida que había firmado. Renato y los conjurados se arrepienten; el conde los perdona, se despide y muere. La ópera termina con la terrorífica stretta “Notte d’orror!”. un desenfrenado Prestissimo. Vuelve a sonar la mazurca, pues la pequeña orquesta entre bastidores desconoce lo que ha sucedido, mientras Riccardo pide que dejen a Renato ya que quiere decirle algo. Se inicia entonces el concertato final “Ella è pura” donde Riccardo jura a Renato que Amelia no lo traicionó y le muestra la orden de partida que había firmado. Renato y los conjurados se arrepienten; el conde los perdona, se despide y muere. La ópera termina con la terrorífica stretta “Notte d’orror!”.
 

Última actualización el Domingo, 01 de Febrero de 2009 19:57  

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