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SICILIANO. ROBERTO ALAGNA

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 alagna

Editado por Deutsche, esta novedad discográfica supone un canto a la cinematográfica isla de Sicilia de donde no procede Alagna pero si sus padres. Un disco homenaje a esa Isla mítica y mística con sabores de mar y de campo,con baladas y canciones que parecen evocar a Turiddu, viejos ecos de cavalleria por la Sicilia española,cantos de pescador  en Siracusa, en la restauración de unas redes, un arreo al borrico terco que no quiere subir a Erice para ver el espectaculo de san Vito lo Capo, voces de una bella mujer mientras se arregla y rezuma perfume de limón que adereza su mediterranea estampa mientras una cortina blanca recien lavada se infla fuera de su riel haciendo de bandera blanca para que él al esperarla no desespare. Delicioso disco.

Última actualización el Domingo, 22 de Febrero de 2009 11:01  

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YO FUI MI MEJOR CLIENTE. HEINZ BERGGRUEN. ED. ELBA

 Traemos a nuestras páginas una recomendación de primera linea. Elba nos presente un cuidado volumen memoria viva de la historia del arte de buena parte del siglo pasado. Berggruen, cosmopolita y visionario, hombre de vida pasional y apasionante, narra en primera persona la evolución de una pasión que fue su vida: el coleccionismo. Coleccionar como elevación del espíritu más allá de la mera actividad de acaparar, coleccionar arte como medio de conocimiento del artista, del entorno, del contexto de la época. Berggruen participa de una época prodigiosa y entabla contacto y amistad con muchos de los grandes maestros. Estrechamente ligado a Picasso, es fiel cronista de parte del carácter del malagueño; numerosas anecdotas de la vida de éste, de sus particular visión de la vida y del propio arte. Matisse, la ubicua Gertrude Stein, Sartre, y todo el elenco de ese Paris que era una fiesta, con un rato en Deux Magots, de donde salia un encuentro providencial, una amistad duradera que podría diluirse en una copa de absenta, para retomarla en el Cafe de Flore. Berggruen colecciona y acapara, vende y se queda con obras por amor al arte, construye una colección para Berlin y nos da una rica visión del mercado del arte, que no del mercadeo, tan común hoy donde muchos coleccionistas no son sino marchantes, tratantes de ganado a la espera de una subasta beneficiosa. Sin ocultar la mercantilidad de su actividad, Berggruen se erige fedatario de una época en la que se forjaron muchas de las grandes colecciones que provenían directamente de las fuentes: un café con Picasso en Antibes de donde sale un regalo improvisado sobre una servilleta, una tarde con Matisse que crea un trato preferente... quien sabe que podía deparar una visita al taller de cualquier artista en los años de la efervescencia creativa del nuevo arte.