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KRAUS, DIEZ AÑOS

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Kraus, diez años

Hace diez años que nos dejó el gran Alfredo Kraus. El maestro ( siempre reconoció el rubor que le producía que así le llamaran) dejó huella no sólo con sus actuaciones y sus grabaciones sino también por un modo natural de entender  la música y la vida.

El entorno operístico siempre es complicado: arribistas de un sentido u otro, amiguismos, nepotismo siempre afilado,  luego la política y el politiqueo, que si de este signo o de este otro, que si arrimarse a aquí o a allá. La complicación resulta evidente toda vez que al desarrollo de la carrera en el propio país hay que añadir la proyección al  extranjero.  Kraus tuvo  que enfrentarse a diversas dificultades. Pero todas ellas fueron bien resueltas. La carrera de Kraus fue un ejemplo de elegancia y saber hacer. 

 Lejos de polémicas mediáticas en las que alguna vez se vio envuelto a su pesar, el canto y la docencia fueron sus grandes pasiones. Lejos del divismo que siempre parece adornar a las primeras figuras de la ópera, Kraus seguía emocionándose cada vez que alguien le paraba en la calle. Siempre decía que le resultaba increíble oir como alguien le llamaba maestro y le recordaba alguna actuación. Para él sentirse dentro de la biografía de otros suponía un honor fuera de toda duda. Saber que alguien recordaba una actuación suya era un motivo de gran satisfacción.

Su semblante serio y sus rasgos duros eran una barrera natural que siempre se encargaba de derribar al ver que alguien se le acercaba temeroso. Su carácter bien cercano servía de contrapunto a sus ojos claros que parecían clavarse como dardos en el interlocutor. 

Colmado de honores y reconocimientos la docencia fue su gran pasión al final de su vida. Siempre defendió todo lo español y especialmente la zarzuela. Su espina clavada fue el no haber podido elevarla a la categoría de la ópera. Gran defensor del llamado “género chico” se prodigó en muchos  papeles junto a las grandes de la escena.  Para Kraus fue un error que España no hubiera sabido exportar de modo continuado la zarzuela.

Kraus amó la ópera desde el purismo, evitó su participación en eventos masificados pues entendía que la ópera debía vivirse desde los teatros. Grandísimo conocedor y músico de verdad, músico  de los que aman la música.  Kraus vivía las veinticuatro horas pensando en la música porque a ella debía su vida. Tras muchos años de profesión, los que le conocimos siempre esperamos volver a verle  detrás del mejor Werther

 

 

 

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Siruela presenta un trabajo impecable. Pierre Hadot nos traslada a la visión goethiana de la vida. Tenerla presente, eso es lo importante. La vida es lo único que importa, decía Lorca “Lo que mas me importa es vivir”. Esa vida, la constancia del momento presente que recreó el propio Goethe de manera tan hermosa en Fausto: “Detente instante, eres tan bello”. La vida hoy incardinada en los postulados epicureístas, entroncar con Marco Aurelio es el presupuesto del “memento vivere”, acuérdate de vivir como la otra cara de la moneda del memento mori latino, acuerdate de morir “recuerda que eres mortal” como se les susurraba a los emperadores en su iter laureado sobre pétalos de rosa, como recuerdan también los monjes de la Gran Trapa cavando cada día la fosa que albergará sus cuerpos cuando la muerte habite.