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Erroll Garner

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Erroll GarnerLa viva imagen del swing hecho hombre. Un tipo tranquilo y entrañable, ese era Erroll.

El nene o el Niño de Art Tatum se convertiría en uno de esos personajes que llenan

 de nostalgia melancólica todo lo que tocaron, cuando ya no están. Su familia rebosaba pianistas por todas partes, pero a Erroll le entretenía más jugar y escuchar a su s hermanos que sentarse a practicar . Poco a poco fue haciendo propio el gusanillo de quien tiene el virus de la música bien anclado a los genes. Concursos de radio y televisión constituyen su primer entrenamiento , pero sustituir a Art Tatum es otra cosa. Esa sustitución, como tantas otras en la historia de la música , es providencial para una carrera que se verá iluminada por mil destellos de gloria.

Su evolución pasa por grabar junto a Charlie Parker nada más y nada menos que Ornithology, un tótem en la historia del jazz moderno. Más tarde en 1948 parís descubre a este tipo genial, todo bondad, que disfruta y hace disfrutar a quien le escucha de manera que todo parece pararse a su alrededor. Sus grabaciones para Columbia y  el disco Misty hacen de Erroll un referente.

Última actualización el Domingo, 01 de Febrero de 2009 19:45 Leer más...
 


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kaadish

 

KADISH POR MAHLER ARNOLDO LIBERMAN

SEFARAD

 

Es difícil reseñar el libro de un amigo porque uno cae en las redes de la sospecha, bien es cierto que si el amigo es Arnoldo Liberman toda sospecha se disipa, ya que el bueno de Arnoldo no necesita amigos que reseñen sus libros porque somos sus amigos los que buscamos a sus libros y no a la inversa. En esta ocasión entona un Kadish por Mahler; si supiera Mahler lo mucho que le debe a Arnoldo, le compondría una Canción para un compañero de viaje. Arnoldo describe como siempre ese hito vital que es para él, y para muchos de nosotros, la Viena finisecular. Ese entorno del fin del mundo ese “Austria Erit in Orbe ultima” ese barranco al abismo en el que existió Mahler, ese triple apátrida, ese mundo de última cultura que esperó a los bárbaros, cuando estos ya le habían hecho a Zweig dudar de la vida. Arnoldo preciso y precioso como siempre, con su pureza cristalina y límpida, profunda y sincera como una Canción a un niño muerto.